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Aquí está la violencia y los filósofos y los ciudadanos…también…(intento de respuesta a Mauleón)

11 de abril de 2011

“No todos los hombres tienen la función de ser filósofos, pero todos los hombres son filósofos”

Antonio Gramsci

Escribo estas notas apresuradas, perseguida por múltiples urgencias que considero más importantes; sin embargo sabemos que “lo urgente termina ganándole el espacio a lo importante”, así que consideré que era urgente articular un mínimo de palabra contra-argumentativa al interesante artículo de Héctor de Mauleón, que escrito en El Universal, circula profusamente por las redes, levantando interesantes discusiones.

¿A quién le reclama Mauleón?, ¿a “los intelectuales, poetas y escritores que le mandaron un par de correos invitándolo a marchar por los 40 mil caídos”?, ese debiera ser un reclamo personal, porque sinceramente, estoy convencida de que el país no cabe en dos correos, por muy copiosas que sean las firmas que los acompañen. ¿A quién le reclama Mauleón?, ¿a los dueños de firmas editoriales y sindicadas?, ese debiera ser un reclamo profesional, porque estoy convencida de que México es un país tan grande como complejo, tan fuera cada vez más del centro de su capital (a veces ensimismada, pero siempre clave) y porque hoy la palabra pública y el pensamiento crítico en su compleja gama de posiciones ideológicas, no se centra más en los espacios consagrados por la modernidad, la periferia puso en crisis al centro. Los “intelectuales”, una categoría complicada por su herencia iluminista, masculina, autorizada, encuentra en estos tiempos su mejor desafío en el activismo social, el cibernético, el cotidiano, el voz a voz, el de la legitimidad “orgánica” (asumiendo la necesidad de revisitación de esta categorá gramsciana), que se conquista cada día al margen o sin considerar lo que circula por los medios autorizados.
La pregunta que me persigue desde hace varios meses, es la cantidad de ejercicio intelectual y físico, que se requiere hoy día, en México (y en otros países), para estar medianamente a la altura de lo que denominamos “realidad”.
¿Por qué considera Mauleón, que la convocatoria a “estamos hasta la madre” (que dicho sea de paso, para pedirle que corrija su artículo, no fue el 5, sinoa el 6 de abril), lamentaba la muerte de los grandes capos? Y en su artículo una lista de los malosos famosos (debo confesar que yo sí lamento la ejecución de Beltrán Leyva y su posterior exhibición con el mismo lenguaje del narco) y de Nacho Coronel; a ellos yo los hubiera querido encarcelados, sometidos a la justicia y dando la importante información que “acabó” o si diluyó en esos operativos, que de tan torpes, generan la duda de lo que los intelectuales mediáticos –uso la clasificación de Martín Hopenhayn, CEPAL, a salvo de sospechas)-, llaman “el pueblo bueno”. Pero ese es otro tema.
Dice Mauleón que la cosa acabó en felicitaciones entre “intelectuales” (hasta dónde ampliamos esta categoría o hasta dónde la reducimos, me pregunto, siguiendo sus argumentos), en el intercambio de blogs y la satisfacción de haber salido en la foto. Y contra pregunto ¿se asomó Mauleón a lo que pasó en el país, a las 48 marchas, plantones, concentraciones y reclamos ciudadanos? ¿se enteró de las 9 réplicas internacionales, que sin “intelectuales” armaron su propio modo de sumarse a esta exigencia?
Tengo casi la certeza de que no, que no escuchó el poema en su propia capital de María Rivera (los Muertos),,,

Ni el poema de “Oración para fregar una cazuela” de Guadalupe Morfín en Guadalajara
y mucho temo que tampoco haya revisado la intensidad con que muchos jóvenes, mujeres y hombres, no sólo sumaron su voz, sino que nos enseñaron de que están hechos.
Indudablemete –como parte de toda esta protesta-propuesta-, encuentro que es mucho lo que hay revisar y corregir, la autocrítica es fundamental. Sin embargo, considero que medir con un vara –de la que no nos da configuración, ni consistencia-, lo que Mauleón hace es fortalecer el no solo trivial, sino peligroso argumento de que esta marcha fue solamente por el hijo de Javier Sicilia (que la merecía, como la han merecido las mil y una que ya hemos organizado en el país y que escapan al radar del itelectual); es alimentar el falso supuesto de que quienes nos manifestamos exoneramos a los delincuentes (nada más falso, si se revisan con la cuidado que exige el trabajo de los pensadores públicos, los n mil videos, notas y declaraciones en las 48 marchas-plantones-concentraciones nacionales y las 9 internacionales). Hago una nota de pie de página desde la legitimidad que me otorga mi trabajo como investigadora (y ciudadana): algunas y algunos intelectuales hacemos nuestro trabajo, no siempre de cara a la espectacularidad mediática, pero pasamos largas horas tratando de entender, producir alguna mínima intelección y asumimos el resto de una palabra pública que ha decidido que sus espacios no son los consagrados por la modernidad, sino justamente, esos otros, al que las madres, los punketos, los anarcos, los ciclistas, los morros de todos y de todas, la poeta sin libro, el nobel doctor sin plaza, el bloguero lleno de ideas, el twuitero latoso pero pertinente, el feisbukero dolido hasta el alma, han decidido migrar.
Legisladores o intérpretes me pregunto hoy junto con Bauman; la matria o la patria (capital), me pregunto con el historiador Don Luis González; estrategia o táctica, me pregunto con De Certeau. No tengo problema: intérpretes, matria estrategia…va siendo hora de asomarse a las periferias “intelectuales”

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De cómo el narco nos alcanzó: Una mirada a las biografías truncadas

5 de abril de 2011

Presentación del libro
Los morros del narco
De
Javier Valdez Cárdenas




…aterrados de muerte,
excavados de huecos;
Javier Sicilia


Quisiera primeramente preguntar-me por qué es importante el libro de Javier Valdez que hoy nos convoca. Y no encuentro mejor manera de aproximarme a una respuesta no retórica y elogiosa, que acudir a las estadísticas del horror que sacuden al México contemporáneo.
En un estudio recientemente publicado en torno a las transformaciones en las tasas de mortalidad en los últimos 50 años, un equipo de investigadores dirigidos por el Dr. Russel Viner, de la Universidad de Londres, se afirma que por primera vez se observa una drástica transformación en los patrones de mortalidad: "Las tasas de muerte en los jóvenes de 15 años ahora son más altas que en los menores de 10 años en países de altos, medianos y bajos ingresos. Las cifras de muertes prematuras ahora son más altas en individuos de entre 15 y 24 años”. Las causas, se afirma, “son principalmente la violencia, el suicidio y los accidentes de tráfico”.
Uno de los científicos que participa en el estudio señala: "Lo que está claro es que las mayores amenazas para la salud de los jóvenes, además de vivir en extrema pobreza y en las 'zonas calientes' de las enfermedades infecciosas y la guerra, surgen de las conductas en las que los jóvenes se comprometen y de los contextos en que se encuentran" .
Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), en México la esperanza de vida sana al nacer, se calculaba en 63 años para los hombres y en 68 para las mujeres. De acuerdo a la misma fuente, hoy, la probabilidad de morir entre los 15 y los 60 años de edad, es de 155 por cada 1000 habitantes en el caso de los hombres y de 89/1000 en el caso de las mujeres, es decir estos números indican que 155 hombres y 89 mujeres por cada mil ciudadanos mexicanos, puede morir antes de alcanzar la cifra de esperanza de vida sana la nacer.
Según datos de INEGI y la Secretaría de salud, las muertes por homicidio alcanzaron en 2008 la cifra de 14 768 personas, lo que representó una tasa de 13.1 (por 1000), ocupando la causa de mortalidad general número 9; mientras que los suicidios sumaron 4681 casos, con una tasa de 4.4 (por mil) y ocupa el lugar 29 entre las causas de fallecimiento. Al desagregar los datos, encontramos que en la llamada “mortalidad escolar” que contempla a la población de 5 a 14 años, el suicidio asciende al número 6 en la causa de muerte y el homicidio al lugar número 7. Para diversificar las fuentes, acudo a las mediciones de la CONAPO (Consejo Nacional de Población): en 2007, los accidentes fueron la principal causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 24 años, con un 44%, mientras que la segunda fueron las lesiones intencionales con un 19.3% . Las muertes por suicidios aumentaron de 3.5 defunciones por cada cien mil jóvenes en 1980 a 6.7 en 2007.
En lo que toca a las entidades federativas, los datos de CONAPO indican que los estados con mayor incidencia de mortalidad juvenil por lesiones intencionales, que son Chihuahua y Quinta Roo, con tasas 25% superiores de las registradas a nivel nacional.
Y según un estudio de la ILANUD (Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la prevención del delito y el Tratamiento del Delincuente), se estima que en México, la población carcelaria asciende a 139.707 personas, lo que representa una tasa de 153 detenidos por 100 mil habitantes; se calcula que hay un 26% de sobrepoblación en las cárceles del país y que solamente el 42% de la población penal ha sido procesada.
Y según mis propias mediciones, armadas a través de una base de datos nacional con información de prensa que se cruza con datos oficiales, entre el 2009 y el 2011, 67% de las muertes vinculadas al narcotráfico corresponden a jóvenes menores de 29 años.
Las cifras son claves pero no son suficientes para dar cuenta de la situación que experimentan millones de jóvenes en el país: exclusión de los sistemas educativos y laborales; acceso a los servicios de salud precarios y desiguales, futuros sin certeza; desencanto y enojo.
El libro de Javier Valdez, un cronista de lo marginal, lo invisible, de lo obturado por los grandes medios de comunicación, tiene entre otros muchos méritos la desestabilización del sentido común que ve una relación directa entre exclusión y violencia, entre pobreza y delincuencia. Sin dejar de reconocer la precariedad en muchas de los relatos de vida que Javier reconstruye en su libro, el autor logra colocar en clave multidimensional la vinculación de los jóvenes con las estructuras del narco y de la violencia. Y, además, nos ofrece un panorama amplio de modos diferenciales de adscripción o participación en estos escenarios: el joven sicario, el sembrador, el que transporta, el policía, la enganchadora, el que no entiende pero aspira. Las tonalidades que adquieren estas biografía signadas por el narco, son muchas y con múltiples matices.
Al recorrer las 343 páginas de este libro, se hace visible y constatable que en lo que toca al narcotráfico, su poder no estriba sólo en un poder de muerte, sino principalmente en su poder de alterar y quebrar distintos órdenes sociales y de ofrecerse a sí mismo como una ruta no solo posible sino deseable.
Las “escenificaciones” de este poder (más que escenas aisladas) ratifican el creciente empoderamiento del narco en diferentes ámbitos de la vida social. Además de la debilidad y la corrupción de las instituciones del Estado, sugieren algo mucho más profundo: la compensación de un vacío, de una ausencia y de una crisis de sentido. Dicho de otro modo, las y los jóvenes que Valdez retrata en su libro, son un doloroso testimonio del desgaste de los símbolos del orden instituido, mientras los actores del narco se van mostrando capaces de generar sus propios símbolos: lujo, poder irrestricto, impunidad. Códigos, normas y rituales en una espiral de violencia creciente.
A partir de mi propia investigación, afirmé hace tiempo que en este contexto de disolución, de descomposición, miles de jóvenes en el país, solo tienen un capital: vender riesgo es su única alternativa. El libro de Javier Valdez, desde lo mejor de la tradición del periodismo de investigación, corrobora esta hipótesis. El riesgo y la contingencia como elementos constitutivos de la biografía de “los morros del narco”.
Desde distintos enfoques, tres sociólogos europeos han señalado que una de las consecuencias perversas del tardo capitalismo en lo que toca a la constitución subjetiva de las identidades contemporáneas, es la llamada “inadecuación biográfica del yo”. Me refiero a Bauman (2001), a Beck (1998) y a Giddens (1995). Esta “inadecuación biográfica” por utilizar la formulación de Bauman, refiere a la autopercepción del sujeto de que es responsable de manera individual y a partir de sus propias decisiones de su condición de vida, es él o ella, la que resulta inadecuado o inadecuada para el orden social; ello, significa en palabras del autor que “apartar la culpa de las instituciones y ponerla en la inadecuación del yo, ayuda o bien a desactivar la ira potencialmente perturbadora o bien a refundirla en las pasiones de la autocensura y el desprecio de uno mismo o incluso a recanalizarla hacia la violencia y la tortura contra el propio cuerpo” (Bauman, 2001;16).
Esta formulación, se intercepta sin duda con la condición juvenil en el México contemporáneo, una de cuyas aristas, Javier narra en este imprescindible libro. Con características diferenciables y desiguales. La “inadecuación del yo”, es decir la insuficiencia biográfica, la narrativa precarizada de la propia vida, la sensación de ser culpable de algo inaprensible aplica de manera nítida a las expresiones y testimonios de los jóvenes que frase a frase, pausa a pausa, gesto a gesto van narrando a Valdez su realidad cotidiana.
Me parece que el libro Los morros del narco, iluminan (en el sentido Benjaminiano) este drama, al que podrías llamar la solución individual al fracaso del sistema. Frente a la precarización creciente tanto económica como vital, frente a la carencia objetiva de oportunidades, frente al deterioro de la seguridad social, miles de jóvenes “deciden” migrar al narcotráfico como una solución “individual”, que se asume como riesgo inevitable, que se vislumbra como un destino “natural” en el contexto de la propia biografía. Lo sistémico, es decir, la articulación de procesos, políticas, instituciones, dispositivos se invisibiliza, no hay “interlocutor” visible o agente responsable de la situación, a lo sumo aparecen atisbos de referencias formales: la escuela que se abandona por imposibilidad o hartazgo, la familia a la que se esconde la realidad, los intentos por resistir el llamado del dinero –aparentemente- fácil.
Por ello resulta fundamental, de cara a los desafíos, problemas y violencias de distinto cuño que marcan y definen al país, asumir la centralidad sociopolítica de la llamada condición juvenil (y que defino aquí como conjunto multidimensional de formas particulares, diferenciadas y culturalmente “acordadas” que otorgan, definen, marcan, establecen límites y parámetros a la experiencia subjetiva y social de las y los jóvenes), como lo hace de manera decidida Javier Valdez. En su narrativa, estas y estos jóvenes, hacen hablar esta condición sin nombrarla. Para el lector atento, en la medida en que transcurren los relatos, se van develando posiciones, categorías, clases, situaciones, prácticas, autorizaciones, prescripciones y proscripciones que tienden a naturalizarse en este orden vigente del mundo narco.
Así, este libro no se agota en una colección de crónicas de excelente factura periodística; por el contrario, sin nombrarlos de manera explícita Javier Valdez (el fugaz “personaje” en la novela Balas de Plata, de Elmer Mendoza, de quien el entrañable detective Mendieta, dice que es un “chismoso”), alude a los mecanismos tanto estructurales como (especialmente) culturales que enmarcan los procesos de inserción de estos sujetos concretos, jóvenes, algunos casi niños, en la dinámica del narco.
En esta lógica, la cuestión que articula la condición juvenil y la perspectiva sociológica de la “inadecuación del yo”, encuentra, en este libro un mejor ángulo analítico para lo que he venido llamando la “desapropiación del yo”, concepto que pude elaborar a partir de las múltiples entrevistas y etnografías que he realizado entre el 2004 y el presente, a jóvenes centroamericanos y mexicanos en situación carcelaria y en conflicto con la ley. Por desapropiación aludo a la subjetividad juvenil en continua tensión por constituirse. La inestabilidad en el contexto, en las condiciones, arrancan a los jóvenes la certeza de que su “yo” no hubiera sido el mismo de no haberse presentado la situación que los lleva brincando hacia delante: ellos y ellas son definidos por la “situación” (el encuentro con la policía, la negociación al límite con algún narcotraficante, la pelea a muerte con otro joven, la participación en una acción delictiva), lo que genera pérdida de control sobre el curso de vida y deviene biografías atrapadas por la contingencia. En el caso concreto de las y los jóvenes que dan vida a este libro, la biografía se constituye en una historia compleja de desapropiaciones, historias en las que la realidad, los contextos, se imponen como condición tan inestable como tiránica, tan imprevisible como angustiosa, lo que deja poco o ningún margen para la agencia y por consiguiente para una acción (o, mejor, práctica) sustentada en la anticipación de “posibilidades” y especialmente anula o disminuye el peso de los “capitales” de los que un joven se siente portador o poseedor.
Por estas razones, considero que para muchos jóvenes (precarizados), el desafío y la lucha central es la de “reapropiarse” o “reinscribir” su biografía en contextos de mayor estabilidad, con (mínimas) certezas de lugar, lealtades, solidaridades, garantías y, especialmente, reconocimiento. En otras palabras, se trata de restituir valor al capital político que por la vía de los hechos se les niega, por más que los programas oficiales, argumenten retóricamente su interés en la situación de las y los jóvenes.
Por ello saludo y aplaudo el libro de Javier Valdez, su trabajo sin duda, ayudará a generar la conciencia necesaria que requerimos para impulsar una política otra, unas instituciones capaces de hacerse responsables del presente y del futuro.

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Por qué los jóvenes

11 de noviembre de 2010


No hace mucho un periodista argentino me preguntó por qué había optado por hacer investigación en torno a los jóvenes y por qué pese al amplio espectro de mis intereses de investigación (culturas urbanas, emociones, miedos sociales, cultura digital, movimientos sociales, cultura política, con amplia producción en cada uno de estos asuntos), el tema de los jóvenes seguía ocupando un lugar central en mi trabajo. Aunque si bien es cierto que parte del entrenamiento de un académico, académica en este caso, contempla de manera importante la reflexividad –a la que entiendo con Jesús Ibáñez, como pensar el pensamiento con el que pensamos-, la pregunta me tomó desprevenida, quizás por la claridad con la que me cuento a mi misma cada día, que los jóvenes no son el futuro sino el presente actuante en la sociedad y porque ese presente es el único camino cierto para traer el futuro; quizás porque con enorme empatía encuentro en los jóvenes las huellas y los rasgos de las constantes reconfiguraciones de la sociedad, comprender los mundos juveniles, dije en aquella ocasión, es atisbar los modos en que la sociedad se inventa a sí misma.

Pero quizás, lo más relevante para dar sentido a mi respuesta tiene que ver con que ser hoy joven en América Latina, no es tarea sencilla. A veces los datos ayudan. Según datos recientes de la CEPAL, en el grupo de jóvenes urbanos que va de 15 a 19 años de edad, existen de más de 4 millones de pobres en Brasil, casi 3 millones en México y más de 1 millón en Colombia. En términos relativos, las situaciones más preocupantes se advierten en Honduras (70% de adolescentes urbanos en situación de pobreza), Ecuador (58%), Bolivia (53%), México (50%).
Esta la pobreza es además sistemáticamente más elevada entre las mujeres jóvenes, según se verifica en todos los grupos etarios jóvenes. Entre los jóvenes urbanos de 20 a 24 años, la pobreza afecta al 38% de los varones y al 49% de las mujeres en Bolivia. En México las cifras son 39% en los varones y 47% en las mujeres jóvenes; en República Dominicana los datos son de 22% y 29%. Señala la CEPAL que la situación de pobreza en lo que toca a género es menos desigual en Uruguay (7% y 9%), Colombia (38% y 41%) o Chile (16% y 19%), pero enfatiza el informe que en ningún lugar la tendencia cambia de signo, es decir, que las mujeres jóvenes pobres son más numerosas que los hombres o, planteado en términos menos “asépticos”, las mujeres con más frecuencia y en mayor número viven en situación de pobreza.

Se ha dicho hasta el cansancio que la pobreza no es un factor causal de la violencia. Yo suscribo esta afirmación, sin embargo es importante de-construir lo que conlleva la condición de pobreza para calibrar como ésta, trae aparejados un conjunto de elementos que al restringir los procesos de incorporación social (educación, empleo, salud, cultura, ocio, incluso derechos humanos), que operan como activadores de violencia, tanto la que es ejercida contra los jóvenes, como la ejercida por ellos. La situación en México es compleja, pese a que la mayor parte de su población se concentra en zonas urbanas, alrededor del 24% de los mexicanos vive en áreas rurales. De nueva cuenta los datos de la CEPAL, son útiles para calibrar el tamaño de la desesperanza en múltiples zonas del país, azotadas por la violencia del narcotráfico, la presencia del ejército y otros grupos aún no claramente reconocidos. Por ejemplo, en el grupo que va de 15 a 19 años, la pobreza rural alcanza a un 63% de los jóvenes (en comparación con 50% de sus pares urbanos); entre los jóvenes de 20 a 24 años, la cifra es de 57% en la zona rural y un 43% en la urbana; en lo que toca al grupo que va de los 25 a los 29 años, los datos de CEPAL, señalan que las cifras son de 54% y 38%. La diferencia es notoria. Brasil y Bolivia, comparten con México este panorama de pobreza rural juvenil.
La situación es tan grave que los especialistas en medición hablan de “condiciones deficitarias”, “como mujer, joven, indígena, rural, pobre, con escasa o nula educación, y otras”. Es terrible que se considere que la juventud pueda considerarse una “categoría deficitaria”, a la que se van sumando “desventajas acumuladas” o históricas, ser “mujer”, ser “indígena”, ser “rural” y a las que de manera indudable se añaden nuevas “desventajas”. Abandonados a su suerte por un Estado que no generó ni las estrategias, ni el proyecto, ni las políticas necesarias para atender a un importante sector de la población mexicana, que alcanzó en 2005 su pico demográfico (el mayor número de jóvenes en la historia del país), los jóvenes en condición de pobreza, urbana, pero especialmente rural, han tenido tres caminos básicos: la migración (nacional e internacional), la vinculación a actividades no legales y, la aceptación de la pobreza y la exclusión como forma inevitable de vida.

Ya para 1997, la OPS (Organización Panamericana de la Salud), señalaba que un análisis de las tasas de mortalidad en la región mostraba que las principales causas de defunción del grupo
de 15 a 19 años de edad, las principales causas de defunción son los accidentes, el homicidio,
el suicidio, los tumores malignos, las enfermedades del corazón y las complicaciones del embarazo, el parto y el puerperio", con una mortalidad mayor de los varones. En 10 de los 21 países que considera la OPS en su informe, con una población de más de un millón de habitantes, el homicidio ocupa el segundo lugar entre las principales causas de defunción del grupo de 15 a 24 años de edad, y es una de las cinco causas principales en 17 de esos países. Las mayores tasas de mortalidad por homicidio se registran en hombres de 15 a 24 años de edad.

Retomo dos datos claves de la Sexta Encuesta Nacional sobre Inseguridad, realizada por el ICESI (Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad), publicada en Octubre de 2009. El primer dato refiere a la edad de las víctimas (no necesariamente fatales), puede apreciarse como el porcentaje más alto se concentre en los y las jóvenes de 20 a 29 años.







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Esto muestra que el ejercicio de la violencia sistemática, se concentra entre los jóvenes. Algo no funciona en este país.

Y el dato que cierra esta reflexión es, justamente lo que parece no estar funcionando, las instituciones que, hasta aviso en contrario, siguen siendo las responsables y garantes de la seguridad en el país. El cuadro de la Encuesta de ICESI, es elocuente, pero por supuesto hay más fuentes que corroboran este lamentable cuadro:







La poca o nula confianza en las instituciones es, ese sí, un factor causal de la violencia por la que atravesamos. Los jóvenes en México, no pueden esperar más.

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Paso del Norte…o los muertos que se acumulan

24 de octubre de 2010





Para Lucía Nava y sus pequeñas que le sobreviven


Las vicisitudes de Ciudad Juárez tienen una larga historia. Llamada originalmente Paso del Norte, que no es un dato menor, fue un importante centro de colonización española que extendió desde ahí, innumerables misiones sin mayor oposición de los pueblos originarios. Era además el único punto donde podía cruzarse sin demasiadas dificultades el entonces caudaloso Río Bravo, hacia territorio estadounidense. Paso del Norte quedó del lado mexicano cuando en 1848, con el tratado de Guadalupe Hidalgo, el país cedió a los Estados Unidos más de dos millones de kilómetros cuadrados de su territorio. La intervención francesa tuvo también su impacto en esta ciudad fronteriza, Benito Juárez en su lucha se vio obligado a trasladar su gobierno al último punto de territorio mexicano: Paso del Norte, ahí se instalaron los poderes de la República en 1865, un punto de nuestra geografía que sufría las consecuencias de los cambios de cauce del Río Bravo. Fue bajo el mandato de Porfirio Díaz, mucho años después de las luchas juaristas, que Paso del Norte, cambió su nombre a Ciudad Juárez en 1888, dos años antes de comenzar el atribulado siglo XX.
Hoy, Ciudad Juárez, tiene alrededor de un millón y medio de habitantes, lo que la convierte en la séptima zona metropolitana más grande del país y fue considerada por varios analistas como el laboratorio del neoliberalismo. Pese a su cambio de nombre, Juárez sigue siendo un importante paso hacia el norte. La industria de las maquiladoras, leyó tempranamente las ventajas de un punto geográfico que conectaba con paso franco hacia el norte; la maquila transformó el rostro de esa ciudad fronteriza y fue ella misma la que dio a la ciudad la estocada final, neoliberalmente hablando: la tasa anual de crecimiento de Ciudad Juárez se redujo al 1.34 % anual durante el periodo 2000-2005. ¿Los motivos?, los chinos y sus productos y la violencia endémica que la propia industria maquiladora había contribuido a sembrar. El valor de la vida se había reducido al valor tiempo/útil de los cuerpos en relación a la maquila.
El desorden territorial avanzó sobre el desierto. Colonias y barrios enteros, periféricos, abandonados fueron poblando el paisaje de una ciudad cuyos límites empezaron a ser disputados por la capacidad de muerte. Con una tasa de 191 homicidios por 100 mil habitantes, Juárez se fue transformando en su propia leyenda negra. No hay manera de reponer historicidad en un espacio tan breve, pero baste decir que Lomas del Poleo, ese cementerio a campo abierto en el que han sido encontrados innumerables cuerpos femeninos escritos con violencia, es la suma de 380 hectáreas que se ubican justamente a un lado de la línea fronteriza con Nuevo México, y uno de sus linderos corre paralelo al vasto predio, propiedad del magnate chihuahuense, Eloy Vallina Laguera, denominado San Gerónimo, que hoy, pese a la resistencia de los habitantes de esa vasta tierra desértica se ha privatizado. Los “destinos binacionales” se atan a esa desértica geografía. La biografía de miles y miles de personas encuentra en esos páramos el obstáculo que ponen los dueños del capital.
Ya no hablamos aquí de los “cárteles” y sus aceptadas disputas por un territorio que cada vez vale menos (basta un recorrido por las calles de Juárez para dar testimonio del exterminio y el repliegue)…No son Vicente Carrillo frente al Chapo Guzmán, aunque la lógica mediática de los poderes se regodee en esta parte de la historia y efectivamente haya poderes cupulares. Hoy los clanes han tomado la palabra.
Los clanes mandan y disputan sus emblemas. En una zona metropolitana sin control, donde la voracidad de los constructores con complicidad de las autoridades en turno, los barrios crecen desorbitadamente, sin historia, sin arraigo, sin memoria. En una ciudad que mira de frente el horizonte neoliberal, donde el cuerpo productivo es sólo aquel al que se extrae valor por 3 meses antes de ser condenado a su propio agotamiento, en una zona de paso franco, cuyo valor estriba en su lugar geográfico, es plausible entender las violencias que avanzan…hormigas que atemorizadas por la tormenta por venir, depredan el cuerpo del alacrán.
No hay transporte público, en ese caos terrible que fue Paso del Norte, los habitantes se ven obligados a moverse de algún modo…las Naves del neoliberalismo esperan cotidianamente su tributo de sangre…los autos sin marca y sin dueño proliferan, algunos son pequeñas bitácoras de un futuro esperado…los muchos son máquinas a punto de colapsar
No vale cerrar los ojos y rezar por el exterminio de los “malos”. En esta historia no todos son narcos…es importante no olvidar la voracidad del capital.

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Ya no alcanza con morirse

6 de octubre de 2010



Localicé a “Beto” por casualidad. Llevaba algunos meses buscando a los llamados “niños soldados” de Michoacán, mencionados un par de veces en la prensa pero cuya existencia me confirmó otra jovencita michoacana que se vio involucrada como testigo en los acontecimientos del bar Luz y Sombra en 2006 y con la que pude conversar varias veces. Ella me dijo que La Familia, tiene en Tierra Caliente un pequeño ejército de niños y jóvenes que utiliza para distintos propósitos: cobrar cuotas, llevar mensajes, avisar de la llegada del Ejército o de los “pinchis afis” (así dijo) cuando se acercan mucho a sitios donde hay actividad; también se les da una paga, a los más bravos, por “bajarse a cabrones pasados de lanza” y a algunos otros, los más listos para llevar el producto entre un sitio y otro. Ella me dijo, son chavos muy entrones, no se drogan, no beben, son como soldaditos pero nomás no te enemistes con ellos porque no la cuentas. Desde aquella conversación/entrevista con María, intenté de muchos modos ubicar a algún miembro de este “ejército” sin éxito. Cada pregunta, cada maniobra se topaba con una pared de silencios, de evasivas. Entonces apareció “Beto”.
Las circunstancias de mi encuentro con él, no son, por ahora, revelables. Tuvimos tres encuentros, cada uno de tres horas y si al principio reinaron la tensión y la desconfianza, al final las palabras de “Beto” brotaban como los manantiales que hay en su tierra. Tenía ganas de hablar, de contar su historia y de mirar en los ojos de otra persona que había sentido en su corta vida de 16 años.
“Beto” nació en Turicato, municipio de Tierra Caliente en Michoacán un 15 de febrero de 1994.
-Un buen acuario, le dije. Como mi hijo mayor. (No estoy segura ahora de si hice ese comentario para romper la tensión o porque me conmovía su cuerpo frágil y sus ojos asustados).
- No, psss qué, en mi tierra no creemos en esas cosas, afirmó con indignación fingida y con curiosidad preguntó ¿cómo son los acuarios, son buena onda?
- Uy sí, son artistas, creativos, muy sensibles, les gusta mucho la gente y a la gente le gustan mucho los acuarios porque son muy pacíficos, ayudan, tienen muchos sueños. Y además, se llevan muy bien con los libras. Yo soy libra, añadí, intentando tender un puente con ese muchacho de pelo rapado y mirada perdida.
- Ah, dijo. Y guardó silencio durante un par de minutos que parecieron interminables. Me equivoqué, pensé, ahora voy a tener que empezar de nuevo, desde otro lugar. Pero de manera súbita, saco de su pantalón una medalla de la Virgen de Guadalupe, vieja y carcomida. Me la extendió, era de mi mamá, -me dijo. Ella sí creía en esas cosas, en que la gente viene con tarea y con un destino y se escondía de mi jefe cuando leía en las revistas que llegaban cosas de esas, de esas cosas pues, de los horóscopos ¿no, así se llaman?
El cuarto hijo de una familia de 7, era el segundo varón en línea de sucesión y entendí que eso no le gustaba; como si se sintiera incómodo frente a una herencia incompleta; ser el segundo de los hermanos hombres le quitó el derecho a llamarse como su papá, el derecho a seguir sus pasos, a ser su heredero en un sentido que no logré descifrar del todo. El cabrón de mi hermano siempre estaba bien con mi apá, dice “Beto” ya relajado y entregado a su memoria. Cuando me contó que su “apá” -como le llamaba cuando hablaba de él como una figura admirada-, era oriundo de Los Espinos y conoció a su mamá, nacida en Turicato, sus ojos se nublaron un poco y hablaba de ellos como en un pasado remoto que no coincidía con su cara de niño.
Por qué hablas de ellos en pasado, le pregunte.- ¿Están muertos?
-No, no, están vivos, jalaron para rumbos de Morelia, porque en el pueblo ya no se puede vivir. Agarraron a las tres de mis hermanitos que todavía les quedan y se fueron. Nadie quedó de nosotros en el pueblo.
Me cuenta entonces que su hermano mayor, “el que siempre estaba bien con su papá” y que se llamaba como él, lo levantaron un día, “no se sabe si el ejército o los cabrones Zetas”, el caso es que no apareció y su papá, me dijo, se hizo “como más chiquito, más viejito, desde entonces”. Una de sus hermanas “se fue pa´l otro lado con su esposo y no se supo más de ella y la otra acabó arrejuntada con un puto narco de los que llegaron de la capital y tampoco supimos más de ella” y “aluego… yo” y la mirada se le empaña y una especie de suspiro le corta la respiración.
-¿Por qué en tu pueblo ya no se puede vivir?, interrumpo el curso de sus pensamientos para darle un poco de espacio y unos minutos para que se reconstruya.
Mmmm, pos qué a poco no sabe, me mira retador. No, digo. Cuéntame-
-Es un chingado desmadre. Se puso bien caliente la cosa por allá. Muertos un día y otro también, que unos dejaban el recado y allá íbamos a devolverles el favor; mucha acción pero nada claro, los jefes andaban muy nerviosos y con ganas de cobrársela a cuanto cabrón.-
Explícame, no entiendo. Y “Beto” me miraba con ojos de “si serás pendeja, pinche vieja”, que aguanté en silencio y no abandoné mi condición de “torpe alumna”. Se sintió fuerte, poseedor de un saber que yo no tenía, maestro y guía en un mundo para el que yo carecía de branquias.
Pos nada, que llegaron los putos Zetas pues y por el otro lado la gente del cabrón del Chapo y no teníamos armamento del bueno ni en cantidades; “había que andar muy listos todos” y pos…”Beto” hizo un largo silencio. Y pos…pos fue el tiempo en que yo me inicié. Y ya luego le seguimos ¿no?
De mis papás y mis tres hermanitos no sé nada. Y yo creo que ellos tampoco de mi, así mejor. Un día me tocó acompañar al jefe en un jale muy cabrón. Había que darle piso al puto de una tiendita que andaba de hocicón, muy amistado con la gente mala, poniendo dedo a la gente de nosotros. Y eso, pos si no. –Ándale “Beto”, agarra el machete y los cartuchos y súbete a la camioneta, me dijo el Jefe.
Cómo era tu jefe, pregunté-
Uy, pos es un bato a toda madre (usó el tiempo presente, sin dudar), ya muy curtido, yo creo que tiene como 25 años y te recita la Biblia de memoria, con él aprendí más yo que con el señor cura. El “mero mero” le confiaba muchos jales a mi jefe y una vez me tocó –sus ojos se entornan como los de un gato ronroneando-, oírles una platicadera muy buena: que si todo estaba jodido porque la gente ya no creía en Dios, que hombres era lo que se necesitaba, que ya el mero iba a tomar la sierra y la costa y se iban a chingar todos y todos iban a saberse la biblia. Yo estaba bien emocionado y quería recitarles los versos de la Biblia que me había aprendido de memoria, pero pus ni cómo, yo apenas era un pendejo; pero eso sí, con ganas de progresar y de darle a mi tierra lo que mi tierra merecía, sacar a todos los hijos de la chingada que no creían y, …así.
Y qué pasó el día de la camioneta, ¿me quieres contar?
“Beto” me mira con tristeza y desde un lugar inalcanzable. No, pus ya qué, en estas estamos y usté es a todo dar. Me quebré a mis primeros tres; me rafaguea a una velocidad para la que no estoy preparada. Me chingué al puto de la tienda, a su hermano y a un compita que andaba con ellos y a veces, con nosotros. La verdad no sentí nada, les metí el chivo como si ya supiera y mi jefe nomás se reía, “bien bravo salistes mi “Beto”…y se persigno y decía “el señor es mi pastor”. Y la mera verdad, yo estaba contento de que mi jefe estuviera contento. Lo malo vino después.
Beto guarda silencio y saca de su pantalón la medalla de la Virgen. El cabrón de mi jefe nos dijo, vamos a llevarle un regalo al patrón. Saco un cabrón cuchillo endemoniado, del tamaño de su pierna y zas, zas, zas, cortó las tres cabezas como mi padrino se las cortaba a las gallinas en el rancho. Se me entumecieron las piernas y se escondió la risa. Pero todos los de la camioneta estaban muy contentos y pos ya que…yo también dije “el señor es mi pastor” mientras metía una de las cabezas a una bolsa bien negra…que era pa que no los divisaramos nosotros…eso pienso ahora; porque nosotros, de verdá, no somos como la gente mala y aquí nomás se ajusticia a quien se la ganó.
Mi silencio debe haber sido incómodo, porque “Beto” buscaba mis ojos con sus ojos; en busca de entendimiento, no de perdón. Y así se fueron desgranando, dos cuerpos, tres cabezas, una pierna, una lengua, hasta completar diez y ocho vidas de la “gente mala”, en su expediente secreto.
A mí se me iba acabando el aliento. Diez y seis años, dieciocho muertos, algunas mutilaciones, un futuro truncado. Narco, religión y poder, una trilogía muy difícil de entender.
Fumamos juntos un último cigarro mentolado (“Beto” opinaba que eran de puto, pero ante la carencia, se conformaba). Nos miramos un larguísimo rato en medio del humo.
-Cómo imaginas tu muerte “Beto”, le pregunté.
“Beto” sacó su vieja medalla, la miro con una ligera sonrisa, aspiro el humo del cigarro y dijo:
“Si voy a caer muerto, mejor con una bala expansiva que me reviente el cerebro pa ya no acordarme de nada. O, reconsideró, que me hagan pedacitos, pa evitarle la pena a mi amá el dolor de velarme…y es que en este jale, ya no alcanza con morirse.

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Protesta y dolor en 72 palabras. Plegaria de la sangre

31 de agosto de 2010

El 26 de agosto de 2010 se hizo pública la masacre de 72 personas migrantes, mujeres y hombres, menores de edad, en México. La tragedia colocó al centro del debate público, la fallida estrategia del Estado Mexicano en su lucha contra el narcotráfico. Se asumió como verdad incuestionable que “los Zetas” eran los perpetradores de esa masacre; no se cuestionó la versión oficial, como en muchas otras ocasiones. Pero más allá, de la falta de información veraz y oportuna, estas 72 personas movilizaron las fibras y raíces de la solidaridad. Un movimiento “negro”, enlutado acompañó a los jinetes de las redes cibernéticas. Hoy, los blogueros, hartos de una espiral de violencia, hacemos nuestros estos pensamientos colectivos, producto de esa inteligencia viral y política que se gesta en el ciberespacio. Alto a la violencia, alto a las muertes, alto a la impunidad.
Por los 72 migrantes masacrados y los que fueron antes; por los más de 28 mil muertos en la llamada “guerra” contra el narco, por las madres en Ciudad Juárez, en Tamaulipas, en Monterrey, en Sinaloa; por nuestra geografía fracturada; por los niños a la deriva; por el silencio, por el estruendo, porque estamos cansados, venimos a decir basta. Somos muchos y esta es nuestra voz y nuestra mirada


Sed. Cansancio. Miedo. Raíces pegadas a las plantas de los pies; raíces que arrastramos desde lejos. El cuerpo desconoce los sonidos del aire. Ajena la sal de los entierros. Voces. Gritos. Y el murmullo es mundo de silencios. Grieta. 72 nombres hechos plegaria de la sangre. Nada. Polvo incrustado en la mirada. Pieles secas bajo el sol gris del mediodía. Susurros que cuentan el espanto al oído. Muertos en tierra de muertos.
Sandra Lorenzano (escritora)

"Somos nuestros antepasados. Nuestra fuerza es por los que estuvieron. El futuro es incierto, pero nosotros estamos aquí. En nuestro presente, cuánta fortuna y cuánta desdicha, cuánto horror y cuánta esperanza". Roxana Martel (académica)

Porque el miedo no es tan grande como para someter a nuestra voz; aquí está nuestro coraje para denunciar lo que nos carcome poco a poco, la intolerencia, el odio, la injusticia, la violencia. Y después de gritar, manos a la obra que el futuro se construye y depende de quien le meta talacha, ya dejamos un buen rato la obra encargada y se cae a pedazos, momento de ensuciarse la camisa.
Darío Beltrán


Qué tienen de especial éstas 72 muertes más, cuando hay cálculos de 1 asesinato por hora hasta mitad de 2010? (Excelsior, Junio 2010)). Es adivinar el desamparo y la indefensión de quienes viajan por territorios desconocidos en búsqueda de un imaginado futuro mejor. Es sospechar otras respuestas, o por lo menos intuir que hay más preguntas. Es el drama del sobreviviente y el dolor del viajero que llevamos dentro, seamos o no migrantes.
Esperanza Martínez




Morir, Dormir, quizás Soñar…
Obligados a dejar el hogar buscando mejor condición de vida.
Viaje infrahumano anhelando llegar al borde, cruzar la última frontera…
El canto de las sirenas, espejismos, el American Dream.
Su existir ya era difícil, pero ¿truncar la vida…, así…?
Homo homini lupus.
Pesadilla que era lejana y que hoy vivimos a diario ante el deshonroso silencio de quien debiera gritar.
La barbarie nos invade, la involución, la noche.
Edgar Castelán

http://www.youtube.com/watch?v=hun0JfKHcjk

La terrible violencia que se vive en México es una prueba del abandono en el que está la mayoría de la población del país por parte de las instituciones. No debemos permitirnos ser víctimas de la inoperancia de estado, es hora de alzar mucho más fuerte la voz y accionarnos mediante la reflexión para mejorar nuestras vidas y llegar a la paz que nos convertirá en los únicos dueños de nuestro futuro.
Fabián Ramírez

Es una vergüenza, sí, que pasen aquí estas cosas. Pero no finjamos asombro ante eventos que resultan cotidianos a lo largo y ancho del territorio nacional. En México es delito regalar agua o comida a un migrante ilegal. En México, todos hacen escarnio del migrante ilegal: Policías y crimen organizado. Para que no vuelva a suceder una masacre así, ni una sola muerte, que se abra la frontera para todos.
Christian Zúñiga



Utopía como momento donde no existe la mentira, ni el delito de parecer, ni la necesidad de migrar; donde no importa de dónde eres o a dónde vas, eres bienvenido y apreciado; donde eres invitado a colaborar, a enseñar, a aprender, a crear. Momento donde el dinero no importa, porque todos tenemos lo suficiente y un poco más; donde la vida se venera y se protege. Momento donde somos uno y todos.
Esteban Contreras Vázquez


Basta de escuchar “quién sabe en qué estaban metidos” como justificación de muertes inexplicables, basta de vivir en apatía ante un estado de guerra, basta de ver a nuestros jóvenes en peligro, basta de vivir siempre con temor, basta de esperar que esta situación se mejore sola, basta de mentiras de nuestros gobernantes, ¡basta y mil veces basta!
No me acostumbro al índice mortal, a las portadas sangrientas, reportes del frente
Gabriela Rabenbauer




Este de la foto, es mi presidente (http://www.jornada.unam.mx/2010/08/28/) y es obvio que algo ha salido mal, que algo se ha hecho muy mal y que no se ve una luz en el camino.
La matanza de los 72 migrantes ha sido una guerra a la que hay que ponerle fin, pero que alguien, solo una persona me diga: ¿por dónde hay que comenzar? Yo hoy, no lo veo. Estoy cansada y tengo miedo
Judtih Ortega

(2008) Niños migrantes en la mira de los Zetas (2009) Rescatan rehenes de los ‘zetas’ en Tamaulipas. Migrantes, viaje al infierno del secuestro. Migrantes se involucran como mulas de los narcos. Enfrentamientos entre narcos y emigrantes dejan 21 muertos en México. Los Zetas: Migrantes matando migrantes. (2010) Hondureños cuentan horror de los Zetas. Migrante violada por los Zetas. Aumentan secuestros contra migrantes. Encuentran 72 migrantes muertos en Tamaulipas.
¿Y qué han hecho?
Alicia Calderón

El discurso oficial asegura que quienes han muerto en estos últimos años peleaban de un lado u otro, que el ciudadano de a pie, honrado y trabajador, no tiene nada que temer, hoy se reitera falso.
Los mexicanos, usted y yo, porque cada uno de los muertos nos lastima y nos diezma, no somos bajas lamentables ni un mal necesario. Estamos pagando el cruento costo de una guerra que no es ganable y que no elegimos.
Valentina Mota

Poder, recursos, violencia institucional, daños colaterales, franca recuperación económica, guerra, victorias, propaganda, demagogia, mercadeo de la cosa pública, balas, granadas, miedo, violencia indiscriminada, mercados ilegales, corrupción, ganancia por encima de todo, más poder, más ganancia. Este es el lenguaje del crimen organizado y el gobierno, nosotros somos colaterales, casualidades, intrusos en una guerra librada por nuestra libertad, por nuestro bien. 28,000 muertos después ¿cuál es el lenguaje que tenemos que aprender a hablar para recuperar nuestro lugar? Rafael Navarro



En las fronteras mexicanas miles de personas escriben en su cuerpo el anhelo de encontrar un lugar para la vida. En la desesperada búsqueda, encuentran persecución, represión, simple abandono a lo más terrible de la indignidad, o sicarios que les masacran por placer, casi como simples arquitectos del espanto.
El horror amplía los límites de lo decible, una vez más la realidad supera la ficción. ¿Hasta cuándo Calderon?
Judith Gerbaldo

Actuamos y nos movemos por estas 72 vidas y por muchas más. Defendemos la vida
con fuerza, energía y vitalidad. Nos enlazamos para cuidar muchas otras vidas y seguimos apostando a que vale la pena vivirlas.
Claudia Laudano




Elegir
Antes nuestra historia estaba llena de opciones, podíamos elegir sobre cualquier cosa, ahora en nuestro México se han reducido las posibilidades. Ya no puedes elegir, debes ser como ellos quieren que seas. Ahora Elegir implica más, implica cuestionar, soñar, creer, tener esperanza, sentirse capaz, amar, intentar. Yo elijo seguir eligiendo, dudando de aquellos y creyendo en nosotros, creyendo en las posibilidades, eligiendo el otro México Posible.
Chío Medina

72 migrantes masacrados nos devuelven la realidad. Nada habrá sido en vano si somos capaces de convertir estas muertes anónimas en motivos para la rabia, el dolor compartido, la acción. Miles de cuerpos inermes hoy, guardan la memoria de estos días violentos y complejos. Nunca más en mi nombre ninguna guerra. Nunca más en mi nombre decretar la frontera entre los muertos “buenos” y los muertos “malos”. Por los jóvenes y los niños, el país de vuelta. No más.
Rossana Reguillo

Luto Activo…aquí varios pensamientos


DE CIERTO ESTOY SEGURO QUE EL FUTURO YA NO LO HACEN COMO ANTES". Javier Mendoza Aubert

Parafraseando a un líder Guatemalteco:
"Nosotros ponemos los muertos, ustedes las armas..."
Atte. Los NINIS-MEXICANOS (su producto) Sergio Gómez Partida

Si guardáramos un minuto de silencio por cada uno de los 28 mil mexicanos muertos en la guerra contra el narcotráfico pasaríamos 19 días y medio, mudos. ¿de qué sirve el silencio?
Jabaz Monero

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