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México en pie: Ser historia en tiempo presente

15 de mayo de 2016

 


El 31 de marzo de 2016 algo muy profundo se fue gestando en el calendario de los agravios y las luchas. En Paris, primero y luego poco a poco en muchas plazas de Francia, de Europa, de Canadá, Estados Unidos, Colombia y más tarde en México, fue tomando formas y contornos la #NocheenPie, que se inscribe en el ciclo de revueltas que han venido estallando desde 2010 de norte a sur, de oriente a occidente, como evidencias del malestar expandido por un modelo socioeconómico y político que no ha hecho más que enriquecer a unos pocos y empobrecer a una gran mayoría; que ha mostrado su rostro autoritario y punitivo contra los más vulnerables; que alardea de impunidad pese a que son evidentes la corrupción y la violación sistemática de los derechos humanos.
El 66 de marzo, siempre de acuerdo al calendario que nos propuso Nuit Debout, cuando la conversación global en torno a la importancia de sumar acciones en torno a la noche en pie, yo tuiteaba: 



Y es que me parecía y me sigue pareciendo que las violencias que azotan al país, nos ahogan las palabras y nos achican el cuerpo; pasiones tristes, las llamaría Spinoza, esas que minan nuestra potencia de actuar. No es que no haya grupos, personas, acciones que en México se ocupen diariamente de los desaparecidos, de nombrar a los muertos, a las mujeres asesinadas en esta barbarie que nos habita; por el contrario, hay muchos colectivos, por ejemplo @LasAlamedas que de Tamaulipas a Guadalajara, con una generosidad inagotable, nos alertan cada día de las desapariciones; o, el contador de muertes @menosdíasaquí del colectivo @rendición, que se empeña en nombrar a cada persona en esta guerra que nunca hemos podido entender, personas y no estadísticas; o las agrupaciones de familiares de desaparecidos que no descansan, que buscan incansablemente, que descubren fosas clandestinas, que no paran de exigir justicia, en medio de su llanto. Sí, todas esas formas de respuesta a la maquinaria de muerte existen, pero no alcanzan para oponer un no rotundo a la descomposición, la arbitrariedad, la guerra.





Si como han planteado los activistas, las personas que han decidido salir a las calles en estas noches insurrectas, en estas noches y días en que el habla colectiva es un comienzo para imaginar futuros, “la lucha sin fronteras es el único camino”, quizás como ha mostrado Ayotzinapa, es posible asumir que “la actividad criminal y su violencia en México ya no están contenidas hoy dentro de las fronteras nacionales”, como señala Patrick Dove  y por tal motivo, lo que nos acontece como efecto del sistema capitalista global, solo puede pelearse, colocarse en el mapa del “Mundo en Pie”. 
Cito nuevamente a Dove: “Desde luego que la corrupción policiaca y las atrocidades pueden ocurrir, y ocurren, en casi todas partes. Pero ninguna de esas atrocidades es “similar” a la de Ayotzinapa, porque el significado de Ayotzinapa es ya inseparable de los nombres y de los rostros de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, así como de la historia de resistencia local encarnada en la Escuela Normal y sus prácticas. Por otro lado, sin embargo, a la vez que reconocemos la singularidad de Ayotzinapa, no podemos ignorar los hilos comunes que vinculan lo que pasó en y alrededor de Iguala con otros contextos, tanto en América Latina como en distintas partes del mundo. Ayotzinapa no es un problema sencilla y exclusivamente mexicano, ni es un hecho aislado”.
El silencio de la prensa convencional frente a la “Nuit Debout” y la explicación de sus luchas y mensajes -salvo raras excepciones-, es quizás el “cinturón de protección” que nos ha impedido ver y calibrar la importancia de articular la resistencia “mexicana” a la resistencia global frente al avance del capitalismo predador.
Este es un tiempo de aniversarios claves: hace cinco años que el #15M irrumpió-interrumpió la escena política española; #OccupyWallStreet  arriba también a su quinto aniversario y, #YoSoy132, llegó a su cuarto aniversario y muchas y muchos de sus integrantes, participan hoy en organizaciones de la sociedad, en medios libres, participan activamente en la vida común de este país.
Hace 4 años, en las Islas de la UNAM, el movimiento dijo de sí mismo, que era heredero de las luchas del 68, de los zapatistas, de Atenco, de Oaxaca en el 2006. Se declararon Cherán y Wirikuta. Revivir, ser historia. No olvidar.




Hoy, ese mismo ímpetu es el que nos debe invitar a sumar “ser historia” pasada y futura a un mundo que ha decidido ponerse en pie. #Justicia decimos

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Pase de lista: #Ayotizinapa

7 de octubre de 2014

Pase de lista #Ayotnizapa


Puedo decir los versos más tristes esta noche.
Pensar que hemos perdido

El viento de la noche gira en el cielo y llora, 57, 38, 43, dos veces, una sola, no importa.

La noche está estrellada y tiritan, aquí cerca, 

los corazones helados de las madres
...se oye un ay inmenso que cae al alma como la lluvia al pasto...ellos no están aquí...y el alma no se contenta con haberlos perdido...

Vivos se los llevaron…vivos los queremos

#Justicia

Final del formulario



1.         Abel García Hernández

2. Abelardo Vázquez Periten

3. Adán Abrajan de la Cruz

4. Alexander Mora Venancio

5. Ambrosio Martínez Rodríguez. (Localizado)

6. Antonio Santana Maestro

7. Benjamín Acergo Bautista

8. Benjamín Ascencio Bautista

9. Carlos Iván Ramírez Villarreal

10. Carlos Lorenzo Hernández Muñoz

11. Cesar Manuel González Hernández

12. Christian Alfonso Rodríguez Telumbre

13. Christian Tomas Colon Garnica

14. Cirino Tejeda Meza. (Localizado)

15. Cutberto Ortiz Ramos

16. Daniel Gerardo Cantú Morales. (Localizado)

17. Dorian González Parral

18. Eduardo Ayafredh Sebastián Salgado. (Localizado)

19. Emiliano Alen Gaspar de la Cruz

20. Everardo Rodríguez Bello

21. Felipe Arnulfo Rosas

22. Giovanni Galindes Guerrero

23. Israel Caballero Sánchez


24. Israel Jacinto Lugardo

25. Jazziel Ramírez Sánchez. (Localizado)

26. Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa

27. Jonas Trujillo González

28. Jonathan Maldonado Hernández ( Localizado)

29. Jorge Álvarez Nava

30. Jorge Aníbal Cruz Mendoza

31. Jorge Antonio Tizapa Legideño

32. Jorge Luis González Parral

33. José Ángel Campos Cantor

34. José Ángel Navarrete González

35. José Eduardo Bartolo Tlatempa

36. José Luis Luna Torres

37. Joshvani Guerrero de la Cruz

38. Julio Cesar López Patolzin

39. Julio Cesar Ramírez Nava

40. Julio cesar Velázquez Alonso. (Localizado)

41. Leonel Castro Abarca

42. Luis Ángel Abarca Carrillo

43. Luis Ángel Francisco Arzola

44. Luis ángel Gutiérrez Álvarez. (Localizado)

45. Magdaleno Rubén Lauro Villegas

46. Marcial Pablo Baranda

47. Marco Antonio Andrés Santos. (Localizado)

48. Marco Antonio Gómez Molina

49. Mario Torreblanca Flores. (Localizado)

50. Martín Getsemany Sánchez García

51. Mateo Carrera Moctezuma. (Localizado)

52. Mauricio Ortega Valerio

53. Miguel Ángel Hernández Martínez

54. Miguel Ángel Mendoza Zacarías

55. Rodrigo Morales García. (Localizado)

56. Severo Pedro Minga. (Localizado)

57. Saúl Bruno García



PRESENTES 

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Heridas y cicatrices: lo que perdimos hoy

2 de julio de 2013



Para Luis y Andrés y sus familias
Para la madre de Nancy

La ciudad construye su rostro y su perfil por las memorias que la habitan, por sus heridas, por las cicatrices inscritas en su mapa-piel. La muerte absurda, cruel, inútil de Luis y Andrés, dos jóvenes que fueron “levantados” –como ya acostumbramos decir, en ese narcoñol que se nos ha filtrado hasta los huesos-, en una plaza comercial en la Zona Metropolitana de Guadalajara, exige elevar una voz colectiva que haga estremecer a las estructuras del poder, el legítimo y el paralelo. “Desaparecieron” (esa palabra que nunca cuestionamos, como si la gente practicara actos de magia, como si se tratara de fantasmas que deciden abandonar una escena), un 21 de junio de 2013, justo en el solsticio de verano, el día más largo del año, sin duda lo fue para los dos amigos. Al poco tiempo, la autoridad, esa que se empeña en negar lo evidente, su incapacidad para hacer frente a los graves problemas derivados de las múltiples violencias del país, afirmó, sin despeinarse –tal como ocurrió en Villas de Salvárcar, en Nuevos Horizontes, en Tepito, en New Heaven, y los ejemplos pueden seguir-, que los jóvenes “estarían” o “habrían estado” (ese modo-tiempo verbal condicional, pretérito perfecto, que se conjuga para fabricar hipótesis que culpen a la víctima de su propia tragedia), vinculados, enganchados, metidos, cercanos al “problema” (ese eufemismo que nos salva de asumir la responsabilidad de todo lo que sucede), del narcotráfico. Conforme pasan los días, uno, dos, tres, cuatro, las hipótesis o “líneas de investigación” (esa palabra favorita de las autoridades para convencernos de que están trabajando), van cambiando. Incertidumbre, colapso de nuestros sistemas de comprender la realidad. Queremos, casi todos queremos, los que estamos más o menos al tanto, que los jóvenes aparezcan ya, pronto, con vida. Mantas gigantes aparecen en distintos puntos de la ciudad con las fotografías de Luis, de Andrés; es una realidad, la ciudad está ya marcada por este nueva herida, pero no quiere asumir lo que esto significa. Cadenas de correos terapéuticos circulan, boicot a las plazas, a la plaza, pensamiento mágico que sigue pensando que la violencia tiene un territorio circunscribible (evitar el centro, la noche, los barrios, ahora las plazas); un exorcismo tan inútil como poderoso, perder espacio público, replegarse, blindar la casa, es la alternativa cierta para sobrevivir a esta catástrofe: si no estoy afuera nada me pasa, si no uso “Facebook”, estaré a salvo. El problema no son las redes, apagar no soluciona nada, porque el problema es mucho más complejo.
Una ciudad tiende a olvidar aquello que la marca de forma negativa. Esta ciudad no quiere recordar que en los ochentas del siglo XX aceptó sin chistar un pacto que se le fue imponiendo, los “narcos” llegaron y con ellos los dólares, los centros comerciales, la bonanza urbanística; mientras el país se desmoronaba por la crisis bancaria y el inicio del coletazo de las políticas del capitalismo avanzado, esta ciudad florecía; nadie quiso, pocos quisieron, “pocos habrían querido”, entender las razones de semejante progreso. Hubo pactos silenciosos, ojos que no veían, acuerdos en las sombras, un modus vivendi. Muchos años después, un 2 de Julio de 2013, la evidencia está ahí, abrimos las compuertas del infierno, asistimos calladamente a una prosperidad que parecía inofensiva. Hay que pagar la cuenta y esa, nos corresponde a todos, aunque entre esos todos, las autoridades tengan una deuda mayor.
Lo doloroso, lo impactante, lo más dramático del “caso” (esa palabra que se instaura en nuestro vocabulario para evadir el dolor y la rabia frente a la realidad) de Luis y Andrés, es que han sido triplemente criminalizados: primero por ser jóvenes, porque “habrían estado” (aunque de manera involuntaria, menos mal) vinculados a un asunto de narcotráfico (muy oscuro) y después, porque un sorprendente número de “lectores” de los medios, celebran sin celebrar su terrible destino: lo merecían por acosadores, por burlarse de otro joven (que “presuntamente”, mi palabra favorita en esta babel en la que se ha convertido nuestra cotidianidad), que tuvo a mal resultar hijo del mero heredero de Nacho Coronel. ¿Les creemos?, puede este “caso” quedar reducido a un asunto de bullyng donde el protagonista no es ya “Carrie” de la película que intentó colocar el problema del acoso escolar en clave de terror, sino “el hijo de un narco”. Sin estar convencida de la “explicación” (porque aceptarla sin cuestión nos coloca, como ciudadanos, en una situación terrible), tengo preguntas: ¿Y la autoridad escolar? ¿Y los maestros? ¿Dónde estaban mientras “las burlas ocurrían? ¿El “presunto” hijo de narco, no dio nunca ninguna señal de su “linaje”? ¿Ningún maestro llamó la atención a Luis y a Andrés por sus bromas? ¿Llamó a sus padres, habló con ellos?
Hoy, exactamente a las 12:43 me fue confirmado por una persona de todas mis confianzas que los cuerpecitos de estos dos jóvenes habían sido finalmente encontrados, quedé sin habla. A lo largo del día, la información fue y vino, los comentarios de los usuarios-lectores en los medios fueron subiendo de tono. Alguien me preguntó en Facebook, que qué opinaba de la violencia de jóvenes contra jóvenes. El tema no es menor, en la ejecución de estos dos jóvenes la ciudad, el país, la sociedad se juega la posibilidad de replantear su futuro.
Considero que no, no se merecían la muerte, ni la travesía por la que seguramente pasaron. No, me parece que no estamos frente a un asunto que se deje leer desde “reacción al bullying”, es mucho más complejo. Se trata del fracaso de la sociedad.
Fracasar en la capacidad de volver inútil la opción por la violencia, fracasar frente a la evidencia de la falta de opciones en las que las y los jóvenes encuentren posibilidades de imaginar futuros, fracasar en la competencia judicial, ejecutiva y de manera muy importante la competencia legislativa, que es la única que puede y tiene la facultad de achicar el brazo punitivo del Estado y hacer crecer su brazo preventivo.
Me duele en lo profundo la muerte, terrible, de estos dos jóvenes. Pero faltan muchos datos, mucha claridad en las averiguaciones. No me sorprende pero me preocupa la velocidad del juicio, la acusada ignorancia de lectores, opinadores, autoridades, de lo terriblemente difíciles que es ser joven hoy día.
Hay heridas que nunca sanan, ésta puede ser una así. Guadalajara está herida de muerte y es sólo la acción colectiva, el involucramiento, la exigencia estruendosa de un ¡Ya Basta!, lo que puede convertir esta herida en una cicatriz que diga el pasado pero que nos permita construir un mejor futuro, ese que queremos para nuestros niños y jóvenes.
Luis y Andrés, este no es un memorial, es un llamado en su nombre para cambiar las cosas.
Y, en lo que vivimos este luto activo que nos toca a todas y todos, queremos de regreso a la pequeña Nancy que le fue arrebata a su madre en este verano que ya dura demasiado en esta ciudad con tantas heridas que no sanan.


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Atmósferas apocalipticas o el miedo ambiente

1 de julio de 2010


La pregunta por el miedo y su contrario, la esperanza, no es novedosa. Desde Aristóteles el miedo ha sido pensado como una de las grandes aflicciones del espíritu, como una pasión clave en el complejo entramado de las afecciones humanas. Desde perspectivas distintas, Descartes (Las pasiones del alma), Hume (Disertación sobre las pasiones) y Spinoza (Etica. Tratado teológico-político), se ocuparon del miedo en sus complejas arquitecturas filosóficas, tratando de establecer qué es, que lo provoca y qué papel desempeña en el devenir humano.
En el ámbito filosófico, la pregunta por el miedo y otras pasiones emerge en el tránsito de la filosofía medieval a la filosofía moderna, en los siglos XVII y XVIII que, desmarcándose de la obsesión por la divinidad que había impregnado el pensamiento y preguntas de los antiguos, va a centrarse en el sujeto de la experiencia, en la reflexión sistemática en torno a la posibilidad de un conocimiento objetivo y, de manera especial, se trata de una filosofía que transita de la fe, a la razón independiente.
No es el objetivo aquí desarrollar un análisis detallado de los sistemas filosóficos (plataforma fundamental para pensar los miedos), sino enfatizar algunos aspectos que resultan fundamentales para re-colocar en clave “contemporánea” el papel del miedo en la configuración de las sociedades. Sin embargo y pese a sus grandes diferencias, estos filósofos coinciden en que todas las pasiones se originan en una búsqueda del bien y de una aversión por el mal.
La llegada del nuevo milenio trajo consigo una acalorada e intensa discusión sobre las amenazas y señales del fin de los tiempos. Videntes, agoreros y milagreros adquirieron notable visibilidad en el espacio público, analistas del fenómeno ovni llenaron los espacios prime time de las cadenas televisivas, apariciones marianas en estaciones del metro, paredes, cocinas, pozos de agua, e imágenes religiosas, sangrantes y llorosas, fueron reportados en diferentes puntos de América Latina. Fue el tiempo del “Chupacabras”, el ser fantástico e inasible que saltó desde Puerto Rico al sur de los Estados Unidos y de ahí a México en un viaje por Latinoamérica que “fue seguido” con particular entusiasmo por las cadenas televisivas con sede en Miami. Fue también el tiempo del temor frente al tercer secreto de la Virgen de Fátima que advertía del inminente fin anunciado por tres días de oscuridad. La última década del siglo XX fue también el periodo del boom de las leyendas urbanas. Todo ello, además de ratificar la persistencia camaleónica y la necesidad antropológica del pensamiento mágico, expresaba de fondo un malestar social.

En la re-edición de los viejos milenarismos, la llamada sociedad del riesgo, encontró narrativas e imágenes claves para expresar y justificar nuevos y viejos temores; la globalización, con sus sistemas inéditos de dispositivos comunicativos, configuró una atmósfera harto propicia para la circulación planetaria de relatos que han sido asumidos como “indicadores” del advenimiento del “Apocalipsis”: imaginarios globales que fueron re-localizados a través de las culturas e historias locales. En otras palabras, diversas expresiones del pensamiento mágico, encontraron un territorio fértil en una sociedad al borde de su proyecto de desarrollo y las incontables consecuencias de su desgaste: crisis en lo político, brutalidad de los ajustes económicos, catástrofes ambientales, fortalecimiento del crimen organizado y violencias desatadas, evidencias todas que han venido ratificando la inminencia del colapso.
Simultáneamente en el espacio público expandido, los medios masivos de comunicación operan como espacios de construcción de representaciones sobre “la crisis”, tanto como cajas de resonancia que favorecen y amplifican lo que aquí llamo “atmósferas apocalípticas”.
Más allá de sus contenidos esotéricos, mágicos, pre-reflexivos, estas atmósferas –que encontraron en los atentados contra las Torres Gemelas en 2001, un nuevo impulso-, expresan un malestar de fondo y se convierten en pre-texto para la “conversación” social y dar visibilidad a un conjunto de problemas y de fenómenos que se instalan fuertemente en la experiencia cotidiana. Difíciles de contrarrestar con argumentos “racionales”, críticos y políticos, en tanto ello supondría poner en crisis el sentido mismo de la vida y del proyecto social.
Las narrativas apocalípticas operan entonces como relatos compensatorios que tienden a buscar “más allá de lo social” un conjunto de explicaciones plausibles al intolerable deterioro de las condiciones de vida y, una coartada que permite eludir el cuestionamiento frontal del modelo sociopolítico. Cuando el mal, la catástrofe, la crisis provienen de un más allá ajeno a la voluntad de las personas concretas, resulta, para una inmensa mayoría de la gente, mucho más fácil aceptarlos o lidiar con sus consecuencias.
Las atmósferas apocalípticas se alimentan de datos, estados de emergencia continuos y narrativas, que constituyen el oxígeno que mantiene operando un fluido gaseoso, indeterminado y amorfo, ambiente respirable que requiere de la colaboración de los organismos que participan de su sistema. Así, cada relato apocalíptico es una exhalación de los miedos contemporáneos que mantiene la colaboración entre la atmósfera y los sujetos que viven en su ambiente.

La atmósfera apocalíptica es también la de las esperanzas, de la búsqueda de conjuros y exorcismos capaces de contener el miedo o de ofrecer alternativas al presente y al futuro. La esperanza, como contra-cara del miedo, adquiere rostros igualmente difusos y se enfrenta al igual que aquel, a las transformaciones que devienen de la crisis política extendida
[se resisten hasta dónde es posible, arriesgar los fundamentos de su mundo de la vida.

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Mejor paranoicos que muertos” o de cómo la “burundanga” impregnó el imaginario nacional

26 de mayo de 2010



Aproximarse a la violencia para comprender sus lógicas, sus formas de operación, requiere hacer una diferenciación como la que se usa para medir la temperatura ambiente: 32 ºC, es el dato que mide la temperatura ambiental en la escala de Celsius, mientras que “sensación térmica”, depende de la relación entre el calor que produce el metabolismo del cuerpo y el que disipa hacia el entorno. Si es mayor el primero, la sensación es de calor; si es mayor el segundo, la sensación es de frío. Todo mecanismo que aumente las pérdidas de calor del cuerpo, dará sensación de frío y al contrario. Así la diferencia (y colaboración) entre la temperatura ambiente y la sensación térmica, resulta importante para entender y calibrar el avance de la creciente sensación de indefensión, miedos difusos y ruptura del tejido social de cara a las violencias que sacuden el paisaje contemporáneo en México.
Los datos están ahí, son medibles, cuantificables. Los cuerpos rotos, los llamados “daños colaterales”, pero me interesa aquí discutir en torno a la “sensación térmica”, el aumento de una insoportable sensación de calor que el “metabolismo del cuerpo social” está disipando hacia un espacio público que se contrae cada día más. Los mecanismos que contribuyen a esta sensación de calor, son sin duda los grandes medios de comunicación y sus fallidas estrategias (por decirlo suavemente) de “informar” y producir un mínimo de intelección sobre el fenómeno de la violencias vinculadas al narcotráfico; pero los medios no están fuera de lo social y a esta sensación térmica, contribuyen sin duda, la intersubjetividad construida en el día a día y de manera muy especial los dispositivos comunicativos digitales: correos electrónicos, facebook, twitter, blogs, entre otros.
El título de esta entrada, alude a un mensaje que circuló profusamente por correo electrónico, dirigido principalmente a las mujeres; en él, se ofrecen consejos para sobrevivir/resistir a un robo, secuestro, amenaza, bajo el lema de “más vale paranoicas que muertas”. Este correo forma parte de un corpus de 21 mensajes electrónicos que estoy analizando. Como un adelanto, puedo señalar que como ya había planteado hace varios años, muchos de estos mensajes se anclan en el “relato disciplinante” y ejemplar (a la manera de los mitos): no salgas sólo/a, no hables con desconocidos, huye, compórtate discretamente, siempre huye del otro, y tienen una fuerte carga de género. Pero, lo que llama mi atención de esta serie de mensajes es la irrupción de una lógica distinta a la que han venido utilizando las “leyendas urbanas”.
Me refiero en concreto al aprendizaje acelerado de esos “otros”, que han sabido utilizar los nuevos recursos tecnológicos para esparcir sus esporas de miedo: el mensaje que (supuestamente) hizo circular el Cártel del Golfo y cuyo “subject” es “Precauciones y avisos para los habitantes de Tamaulipas”; el mensaje titulado “nueva técnica para desaparecer cuerpos” (en fotos) y, uno, también en fotogramas, “por andar con un narco” (que exhibe sin pudor, el cuerpo de una jovencita reducida a torso desmembrado), capaz de impactar la sensibilidad más curtida. . Estos tres mensajes sintetizan a mi juicio la capacidad de colonización del imaginario a través de las tenazas de un miedo visceral. No tengo el valor de postear aquí las fotos que acompañan los mensajes y tampoco quiero reproducir los consejos que el supuesto Cártel del Golfo hace a los tamaulipecos. Lo que me lleva a la reciente conversación que tuve en Argentina con Flavia Costa http://www.revista-artefacto.com.ar/revista/nota/?p=89 a propósito de mi investigación: hay un colapso en nuestros sistemas interpretativos.
Dice uno de los mensajes: “Con mucho gusto le ayudé, tomé el papel y empecé a marcar el número, luego de pocos segundos empecé a sentirme mal, sentía que me desvanecía, como si me fuera a desmayar, Mi reacción fue inmediata, no era algo normal, así es que salí corriendo y me metí en mi auto mareado y desorientado logré encenderlo y manejar unas pocas cuadras lejos de ahí, me estacioné y...no recuerdo más […]una vez en el hospital y luego de los exámenes de sangre se confirmaron las sospechas. Es la droga que está de moda: la 'burundanga' o 'escopolamina'. 'Tuviste suerte' me dijo el doctor. Lo tuyo no fue una intoxicación sino sólo una reacción, no quiero imaginar lo que hubiera pasado si tus dedos absorbían más droga o te quedabas ahí unos 30 segundos más.
No es que el termómetro mienta, es que la sensación térmica se disloca por la “burundanga”.
(Actualizada la sección de convidados)

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