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La máquina policiaca...preguntas

3 de noviembre de 2011

Coloco tres videos para re-pensar el aparato de control y vigilancia, de represión y limitación que operan para frenar la ola ciudadana que se levanta para decir ya basta.

La Policía en su laberinto: video que tomé en la primera marcha hacia up town que hicieron los manifestantes de #OccupyWallSt



Reprimir, detener...

En seguida el video de los arrestos en Ciudad Juárez, Chihuahua, México (manifestantes ponían 9 mil cruces en las calles de Juárez para rendir tributo y protestar frente a la estrategia gubernamental en México (de Felipe Calderón), contra la guerra "contra" el Narco que ha incrementado la violación a los Derechos Humanos



Y, finalmente, muestro aquí las imprescindibles imágenes de la liberación de los detenidos en Cd. Juárez...muchas preguntas e indignaciones se acumulan...


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De la masa (informe)a la multitud (dispersa)

24 de abril de 2011

(Primera re-visitación a las palabras que nos nombran y nos explican)



"Lo que comanda el relato, no es la voz, es el oído"
Italo Calvino







Pensé que era pertinente responder a quienes desde distintas trincheras mediáticas –como espacios autorizados-, lanzaban su “yo acuso” a los “marchistas de siempre”, a los “intelectuales obnubilados” que cegados por el dedo flamígero de López Obrador han llamado desde una “presumible imbecilidad” a un ¡ya basta!, a un ¡No más sangre!, un ¡estamos hasta la madre! En México y otras latitudes uno de los problemas de los movimientos sociales es que apelan casi de inmediato a la reacción y no a la acción, gastando energía y tiempo en las coordenadas espacio-temporales y, especialmente, enunciativas, que los poderes suelen controlar, aceptando así jugar en cancha ajena y con árbitro en contra. El tiempo de los movimientos sociales no es el tiempo mediático, su temporalidad obedece a otras lógicas y otras formas de acumular fuerza, pero especialmente hay que apelar a la reflexividad, condición fundamental para salir del pensamiento inmediatista.
Contra la polarización estéril y desgastante, esta entrada, pretende contribuir a colocar en una tesitura analítica, lo que considero son elementos claves para comprender –sin juicio moral-, el “estamos hasta la madre” que a nivel nacional e internacional parece haber detonado un movimiento que no se deja leer desde los marcos convencionales de la política del siglo XX, copada en lo general por grandes actores sociales: el movimiento obrero, el estudiantil, entre otro conjunto de expresiones sociales organizadas.
Al leer y analizar con detenimiento la tinta que ha sido vertida en torno a la validez o no, de estas expresiones de hartazgo, encuentro que en muchas de ellas, abunda más que la cita fácil, el sonsonete de lo conocido, de lo familiar, que no arriesga un lugar de interpretación distinto. Quiero suponer que se trata de una práctica por inercia (acudir a los marcos interpretativos de siempre) que de una práctica enunciativa ignorante de los tiempos que corren y de la cantidad de análisis, pensadores (sin sospecha, como Virno, Bauman, Zizek, entre otros muchos), puntos de inflexión que circulan profusamente, ya no el espacio cerrado y terso de una academia que no dialoga con lo social, sino esparcido a lo largo y ancho de la red (aunque esta cronotopía sea ya insuficiente para entender los nuevos espacios de circulación del saber colectivo).
Con honestidad, no leo en la mayoría de los los artículos, columnas, espacios de opinión en contra del “estamos hasta la madre”, voluntad para leer “las modalidades de lo posible”, como las llamaría Virno; sino intentos de “reprobar a todo costo y a toda costa” a ese otro difuso pero focalizado en la figura de un intelectual genérico, al que se imputan intenciones y motivos.
No hay magia, ni nada oculto en la fuerza que adquirió el llamado del poeta Javier Sicilia, después del asesinato de su hijo, que bajo el grito (que no consigna) “estamos hasta la madre”, se articuló de maneras complejas al “No + Sangre”, convocado meses atrás. Aquí, no es el concepto de “masa” a lo Canneti, lo que puede contribuir a despejar la(s) pregunta(s), sino justamente la noción de multitud, mucho más acorde a las formas de acción política contemporánea, que nombra a sujetos que se articulan conservando su naturaleza múltiple. La masa es informe, sigue a un líder, aunque puede enloquecer y una vez desatada, opera como voluntad única; mientras que la multitud, es dispersión unida (de paradojas están hechos estos tiempos); se agrega y se desagrega en función de las naturalezas múltiples de sus integrantes. Si el “estamos hasta la madre” tuvo impacto, no es por la “mediocridad de la protesta”, sino porque esa expresión logró convocar y aglutinar a los muchos dispersos que encontraron en esa formulación una forma de reconocimiento y empatía (no de representación). Basta una lectura atenta a las muchas marchas, plantones y concentraciones en el país y fuera de él, el pasado 6 de abril, para constatar la diversidad de sujetos políticos que asumieron como suya la expresión y salieron a la calle a sumar su diferencia en un grito común. Se trata, considero, de una política del hartazgo ciudadano. La multitud es ambivalente y oscila, según sus teóricos, tiene elementos de negatividad y se disuelve. Pero más allá, me parece, estoy cierta, de que esta multitud opera como un síntoma de la gravedad que aqueja a este país. No es denostando su configuración, etiquetándola con nociones de viejos paradigmas como podrá comprenderse la protesta.
Entre las muchas urgencias de los tiempos violentos que azotan al país, una central y clave, son las palabras que nos han servido, nos sirven para operar sobre el presente, sobre el acontecer, sobre la realidad. Desde hace algunos años suelo repetir en mis conferencias y artículos que nos “falla la nomenclatura”, nos faltan instrumentos lingüísticos para nombrar lo que acontece, lo que nos persigue, lo que nos vuelve vulnerables e incluso, lo que –a veces-, nos hace felices; nos traicionan los imaginarios, tan atrapados en lo que ha sido y no en lo que es. La escucha atenta es fundamental.

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Aquí está la violencia y los filósofos y los ciudadanos…también…(intento de respuesta a Mauleón)

11 de abril de 2011

“No todos los hombres tienen la función de ser filósofos, pero todos los hombres son filósofos”

Antonio Gramsci

Escribo estas notas apresuradas, perseguida por múltiples urgencias que considero más importantes; sin embargo sabemos que “lo urgente termina ganándole el espacio a lo importante”, así que consideré que era urgente articular un mínimo de palabra contra-argumentativa al interesante artículo de Héctor de Mauleón, que escrito en El Universal, circula profusamente por las redes, levantando interesantes discusiones.

¿A quién le reclama Mauleón?, ¿a “los intelectuales, poetas y escritores que le mandaron un par de correos invitándolo a marchar por los 40 mil caídos”?, ese debiera ser un reclamo personal, porque sinceramente, estoy convencida de que el país no cabe en dos correos, por muy copiosas que sean las firmas que los acompañen. ¿A quién le reclama Mauleón?, ¿a los dueños de firmas editoriales y sindicadas?, ese debiera ser un reclamo profesional, porque estoy convencida de que México es un país tan grande como complejo, tan fuera cada vez más del centro de su capital (a veces ensimismada, pero siempre clave) y porque hoy la palabra pública y el pensamiento crítico en su compleja gama de posiciones ideológicas, no se centra más en los espacios consagrados por la modernidad, la periferia puso en crisis al centro. Los “intelectuales”, una categoría complicada por su herencia iluminista, masculina, autorizada, encuentra en estos tiempos su mejor desafío en el activismo social, el cibernético, el cotidiano, el voz a voz, el de la legitimidad “orgánica” (asumiendo la necesidad de revisitación de esta categorá gramsciana), que se conquista cada día al margen o sin considerar lo que circula por los medios autorizados.
La pregunta que me persigue desde hace varios meses, es la cantidad de ejercicio intelectual y físico, que se requiere hoy día, en México (y en otros países), para estar medianamente a la altura de lo que denominamos “realidad”.
¿Por qué considera Mauleón, que la convocatoria a “estamos hasta la madre” (que dicho sea de paso, para pedirle que corrija su artículo, no fue el 5, sinoa el 6 de abril), lamentaba la muerte de los grandes capos? Y en su artículo una lista de los malosos famosos (debo confesar que yo sí lamento la ejecución de Beltrán Leyva y su posterior exhibición con el mismo lenguaje del narco) y de Nacho Coronel; a ellos yo los hubiera querido encarcelados, sometidos a la justicia y dando la importante información que “acabó” o si diluyó en esos operativos, que de tan torpes, generan la duda de lo que los intelectuales mediáticos –uso la clasificación de Martín Hopenhayn, CEPAL, a salvo de sospechas)-, llaman “el pueblo bueno”. Pero ese es otro tema.
Dice Mauleón que la cosa acabó en felicitaciones entre “intelectuales” (hasta dónde ampliamos esta categoría o hasta dónde la reducimos, me pregunto, siguiendo sus argumentos), en el intercambio de blogs y la satisfacción de haber salido en la foto. Y contra pregunto ¿se asomó Mauleón a lo que pasó en el país, a las 48 marchas, plantones, concentraciones y reclamos ciudadanos? ¿se enteró de las 9 réplicas internacionales, que sin “intelectuales” armaron su propio modo de sumarse a esta exigencia?
Tengo casi la certeza de que no, que no escuchó el poema en su propia capital de María Rivera (los Muertos),,,

Ni el poema de “Oración para fregar una cazuela” de Guadalupe Morfín en Guadalajara
y mucho temo que tampoco haya revisado la intensidad con que muchos jóvenes, mujeres y hombres, no sólo sumaron su voz, sino que nos enseñaron de que están hechos.
Indudablemete –como parte de toda esta protesta-propuesta-, encuentro que es mucho lo que hay revisar y corregir, la autocrítica es fundamental. Sin embargo, considero que medir con un vara –de la que no nos da configuración, ni consistencia-, lo que Mauleón hace es fortalecer el no solo trivial, sino peligroso argumento de que esta marcha fue solamente por el hijo de Javier Sicilia (que la merecía, como la han merecido las mil y una que ya hemos organizado en el país y que escapan al radar del itelectual); es alimentar el falso supuesto de que quienes nos manifestamos exoneramos a los delincuentes (nada más falso, si se revisan con la cuidado que exige el trabajo de los pensadores públicos, los n mil videos, notas y declaraciones en las 48 marchas-plantones-concentraciones nacionales y las 9 internacionales). Hago una nota de pie de página desde la legitimidad que me otorga mi trabajo como investigadora (y ciudadana): algunas y algunos intelectuales hacemos nuestro trabajo, no siempre de cara a la espectacularidad mediática, pero pasamos largas horas tratando de entender, producir alguna mínima intelección y asumimos el resto de una palabra pública que ha decidido que sus espacios no son los consagrados por la modernidad, sino justamente, esos otros, al que las madres, los punketos, los anarcos, los ciclistas, los morros de todos y de todas, la poeta sin libro, el nobel doctor sin plaza, el bloguero lleno de ideas, el twuitero latoso pero pertinente, el feisbukero dolido hasta el alma, han decidido migrar.
Legisladores o intérpretes me pregunto hoy junto con Bauman; la matria o la patria (capital), me pregunto con el historiador Don Luis González; estrategia o táctica, me pregunto con De Certeau. No tengo problema: intérpretes, matria estrategia…va siendo hora de asomarse a las periferias “intelectuales”

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