Mejor paranoicos que muertos” o de cómo la “burundanga” impregnó el imaginario nacional

26 de mayo de 2010



Aproximarse a la violencia para comprender sus lógicas, sus formas de operación, requiere hacer una diferenciación como la que se usa para medir la temperatura ambiente: 32 ºC, es el dato que mide la temperatura ambiental en la escala de Celsius, mientras que “sensación térmica”, depende de la relación entre el calor que produce el metabolismo del cuerpo y el que disipa hacia el entorno. Si es mayor el primero, la sensación es de calor; si es mayor el segundo, la sensación es de frío. Todo mecanismo que aumente las pérdidas de calor del cuerpo, dará sensación de frío y al contrario. Así la diferencia (y colaboración) entre la temperatura ambiente y la sensación térmica, resulta importante para entender y calibrar el avance de la creciente sensación de indefensión, miedos difusos y ruptura del tejido social de cara a las violencias que sacuden el paisaje contemporáneo en México.
Los datos están ahí, son medibles, cuantificables. Los cuerpos rotos, los llamados “daños colaterales”, pero me interesa aquí discutir en torno a la “sensación térmica”, el aumento de una insoportable sensación de calor que el “metabolismo del cuerpo social” está disipando hacia un espacio público que se contrae cada día más. Los mecanismos que contribuyen a esta sensación de calor, son sin duda los grandes medios de comunicación y sus fallidas estrategias (por decirlo suavemente) de “informar” y producir un mínimo de intelección sobre el fenómeno de la violencias vinculadas al narcotráfico; pero los medios no están fuera de lo social y a esta sensación térmica, contribuyen sin duda, la intersubjetividad construida en el día a día y de manera muy especial los dispositivos comunicativos digitales: correos electrónicos, facebook, twitter, blogs, entre otros.
El título de esta entrada, alude a un mensaje que circuló profusamente por correo electrónico, dirigido principalmente a las mujeres; en él, se ofrecen consejos para sobrevivir/resistir a un robo, secuestro, amenaza, bajo el lema de “más vale paranoicas que muertas”. Este correo forma parte de un corpus de 21 mensajes electrónicos que estoy analizando. Como un adelanto, puedo señalar que como ya había planteado hace varios años, muchos de estos mensajes se anclan en el “relato disciplinante” y ejemplar (a la manera de los mitos): no salgas sólo/a, no hables con desconocidos, huye, compórtate discretamente, siempre huye del otro, y tienen una fuerte carga de género. Pero, lo que llama mi atención de esta serie de mensajes es la irrupción de una lógica distinta a la que han venido utilizando las “leyendas urbanas”.
Me refiero en concreto al aprendizaje acelerado de esos “otros”, que han sabido utilizar los nuevos recursos tecnológicos para esparcir sus esporas de miedo: el mensaje que (supuestamente) hizo circular el Cártel del Golfo y cuyo “subject” es “Precauciones y avisos para los habitantes de Tamaulipas”; el mensaje titulado “nueva técnica para desaparecer cuerpos” (en fotos) y, uno, también en fotogramas, “por andar con un narco” (que exhibe sin pudor, el cuerpo de una jovencita reducida a torso desmembrado), capaz de impactar la sensibilidad más curtida. . Estos tres mensajes sintetizan a mi juicio la capacidad de colonización del imaginario a través de las tenazas de un miedo visceral. No tengo el valor de postear aquí las fotos que acompañan los mensajes y tampoco quiero reproducir los consejos que el supuesto Cártel del Golfo hace a los tamaulipecos. Lo que me lleva a la reciente conversación que tuve en Argentina con Flavia Costa http://www.revista-artefacto.com.ar/revista/nota/?p=89 a propósito de mi investigación: hay un colapso en nuestros sistemas interpretativos.
Dice uno de los mensajes: “Con mucho gusto le ayudé, tomé el papel y empecé a marcar el número, luego de pocos segundos empecé a sentirme mal, sentía que me desvanecía, como si me fuera a desmayar, Mi reacción fue inmediata, no era algo normal, así es que salí corriendo y me metí en mi auto mareado y desorientado logré encenderlo y manejar unas pocas cuadras lejos de ahí, me estacioné y...no recuerdo más […]una vez en el hospital y luego de los exámenes de sangre se confirmaron las sospechas. Es la droga que está de moda: la 'burundanga' o 'escopolamina'. 'Tuviste suerte' me dijo el doctor. Lo tuyo no fue una intoxicación sino sólo una reacción, no quiero imaginar lo que hubiera pasado si tus dedos absorbían más droga o te quedabas ahí unos 30 segundos más.
No es que el termómetro mienta, es que la sensación térmica se disloca por la “burundanga”.
(Actualizada la sección de convidados)

2 comentarios:

marcelaibarra dijo...

Como siempre, muy provocador tu texto. Me encanta esta idea del colapso de los sistemas interpretativos. Uno no tiene muy claro como reaccionar ante los hechos de violencia que cada vez nos tienen mas cercados. No se trata solo de como leer estos acontecimientos, sino de cómo reaccionar ante ellos. En los contextos de impunidad y sobre todo de enorme desigualdad social se complica la puesta en común de soluciones. De hecho a lo que menos tenemos acceso en términos mediáticos es a experiencias compartidas de formas distintas de construir sociedad. Los imaginarios instituidos de seguridad se desvanecen y ante ellos aparecen más bien formas de sobrevivencia personales, que para quienes tienen recursos y poder se obtienen facilmente (escoltas personales, traslado a otros países, fraccionamientos cerrados y con vigilancia). Los sistemas interpretativos además se polarizan y se generan precisamente reacciones y actitudes extremistas.

Roxana Martel dijo...

Y será que esa capacidad de colonización del imaginario (que siempre ha estado allí desde la mitología originaria) toca territorios que se creían "liberados" de esas maneras de disciplinamiento por la fe profunda que se tuvo en la modernidad? Será que nuestro asombro a los cada vez más explícitos y masivos 'mensajes narcos'(pienso en la Mara, en el Barrio, también) es porque creíamos que se había avanzado certeramente en el camino de la autonomía?

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