La epopeya ciudadana y el temblor Kumamoto

7 de junio de 2015


Escribo esto sin tener certeza de los resultados electorales en Jalisco; en concreto del Distrito 10 de Zapopan, que aguardo con esperanza y la confianza en que otras formas son posibles. A lo largo de estos meses he acompañado y seguido de cerca la candidatura independiente de Pedro Kumamoto, un joven de 25 años que con viento y marea en contra, ha sido capaz de reencantar la política, recuperar la vida pública y hacernos parte de una epopeya ciudadana. Él y un equipo de maravillosas y maravillosos jóvenes, ninguno mayor de 30, han caminado el distrito, sus parques, sus mercados, sus calles, sus glorietas, para decirnos que es posible derrumbar los muros que ha levantado la partidocracia y el poder insaciable de los menos en perjuicio de las muchas y los muchos; nos hizo saber, desde su rebeldía y su tenacidad que las personas somos el sentido y el centro de la organización social, que sí importamos, que nuestras demandas y necesidades, son más grandes que un nombre, un político, un partido; sacudió la desidia de apáticos y desencantados, con una sencilla fórmula: nos invitó a creer en nosotras, las personas, nos devolvió la responsabilidad que tenemos en la gestión de lo público y, quizás lo más importante es que de manera inédita en la vida electoral de este país, su plataforma es un proyecto colectivo con nombres propios y una enorme voluntad de futuro que se llama municipio, ciudad, país, nación.
Mucha gente se extrañó de mi decisión clara y firme de no anular mis votos en este 2015; en mis redes expliqué algunas de esas razones, pero intento aquí dar argumentos más elaborados de lo que permiten 140 caracteres o un post en Facebook. Sí, este país es un desastre, sí hay lugares donde el tema electoral es un insulto. Sí, lo central son los 43 y los miles y miles de desaparecidas y desaparecidos, la corrupción, la impunidad. El simulacro democrático, el abuso de poder, la corrupción y de manera más sensible, las y los desaparecidos en este país, en el estado en el que vivo, deberían llevarnos a todos a anular y mandar un mensaje claro a los poderosos: no creemos su farsa.
Pero, llegaron Kumamoto y otros candidatos y nos dijeron “no se quiten”, “es posible” y más allá de la retórica partidista, hubo guiños, modos, palabra y propuesta. Nos convencieron de que todavía era posible, detenernos, pensar, sentir…re-considerar.
Por eso, aunque la sangre se subleve y el corazón indique que hay que hacer un vacío a los poderosos, el trabajo de estos candidatos, Kumamoto especialmente nos convenció que había que dar un voto a la posibilidad de repensar el futuro.
Por eso no anulé, ninguno de los tres votos que me tocaban. Pero debo decir que el voto por Kumamoto es además de un voto ponderado, una apuesta de futuro.
Me ocupa en estos meses la tensión entre poder destituyente, ese que andamos buscando muchas y muchos mexicanos, ese que vuelva visible –como en Tixtla-, que no hay más opción que decirles que no, que así no; y el poder instituyente, ese poder que busca construir espacios, ahí donde nada parece posible, como en Zapopan o en Guadalajara. En mis entornos cercanos, después de una seria valoración, debería imponerse el poder instituyente, re-armar los imaginarios de lo posible, pensar que lo público tiene aún algún sentido. Vote con alegría por Kumamoto, vote con convicción por los otros. Padecí estos días, mis ganas de sumarme a la ola de negativas a estas opciones electorales; leí con atención a las y los jóvenes que han sido mis guías en estos tiempos inciertos; no pude acompañar su negativa al voto –aunque los entiendo-, es tanto lo que va en juego. Pero pude, incluso, aprender de ellos, que lo que nos falta, en este México herido es una palabra que nos una: futuro. Por eso, pese a la desesperanza, voto, voté e intenté explicar mis razones. México es muchos y es muy diverso, no hay modo de pronunciar una palabra única sobre su geografía política y emocional. Pero en el mapa que me corresponde Kumamoto y esa tribu que me robó ideas y corazón, abstenerse, anular, no era opción.
Los oscuros son fuertes, son legión; es ingenuo pensar que nuestro gesto los vencerá, pero es mejor salir a campo abierto, pelear con nuestras armas que son la palabra, la poesía, la economía social, la política incluyente, que atrincherarse en la negación de todo aquello que implique la gestión de nuestros destinos.
No sé, aún, si Pedro Kumamoto va a resultar electo, lo quiero con todas mis fuerzas; pero quizá no importe, porque aún sin votos él y esa estupenda estirpe de nuevos ocupantes, ya ganaron. Nos han enseñado que la dignificación de la política es un atisbo, una pequeña posibilidad de hacer y estar en un mundo mejor.
Confío, deseo, pido…que Kuma sea diputado independiente (con nosotras como su bancada), pero más allá de eso, deseo, pido, confío en que estaremos a la altura del enorme reto que se llama México.
El triunfo es lo que han construido. Ganar no es un número, si no la movilización que han conseguido
Felicidades y gracias Ocupantes. Gracias por tanto

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Y ganó!!!! Carajo!!!!

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